Con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, nos centramos en un tema fundamental para la supervivencia, la continuidad cultural y la autodeterminación de los pueblos indígenas: la partería indígena.
Para los pueblos indígenas, las comadronas tradicionales, los curanderos y las curanderas son mucho más que simples profesionales sanitarios; son los principales depositarios y transmisores del conocimiento, la lengua, la cultura y la identidad. Sus funciones son fundamentales para los sistemas de gobernanza de los pueblos indígenas y para la protección de la salud reproductiva.
Sin embargo, estas instituciones fundamentales han sido objeto de ataques sistemáticos a través de los procesos de colonización y construcción de la nación. Históricamente, las prácticas de salud materna de los pueblos indígenas solían ser criminalizadas o tachadas de primitivas, lo que condujo a la erosión de los conocimientos tradicionales y de la atención centrada en la comunidad. Este desmantelamiento de las instituciones tradicionales ha tenido profundas repercusiones intergeneracionales en la continuidad demográfica y el bienestar de los pueblos indígenas.
El legado de estas injusticias históricas sigue siendo visible hoy en día en forma de discriminación estructural dentro de los sistemas sanitarios modernos. Las mujeres y niñas indígenas se enfrentan habitualmente al racismo, a que se menosprecie su dolor y a que se les niegue una atención culturalmente adecuada, lo que da lugar a tasas de mortalidad materna desproporcionadamente elevadas y a un acceso reducido a los servicios esenciales. Además, la contaminación ambiental provocada por las industrias extractivas y la minería ilegal sigue amenazando la salud reproductiva y la autonomía corporal de los pueblos indígenas.
A pesar de estos retos, estamos asistiendo a un poderoso movimiento para reclamar estos derechos. Desde el modelo «Birthing on Country» en Australia hasta los colectivos de comadronas maoríes en Nueva Zelanda, pasando por los modelos de salud interculturales en Ecuador y Bolivia, los pueblos indígenas están demostrando que la integración de los conocimientos tradicionales en la atención materna mejora los resultados sanitarios y restaura el liderazgo.
El 23 de septiembre presentaré un informe exhaustivo ante el Consejo de Derechos Humanos en el que se detallan estos patrones de violaciones y la urgente necesidad de que se adopten medidas correctivas.
Hago un llamamiento a todos los Estados para que:
– Reconozcan las violaciones históricas y actuales de los derechos reproductivos de los pueblos indígenas.
– Institucionalizar sistemas sanitarios interculturales que reconozcan y apoyen a las parteras y curanderas tradicionales de los pueblos indígenas.
– Garantizar que todas las políticas sanitarias y medioambientales se elaboren con la plena participación y el consentimiento libre, previo e informado de los pueblos indígenas.
La defensa de la salud y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y las niñas es esencial para la supervivencia colectiva y el futuro de los pueblos indígenas.